Uno de los principales problemas a los que se enfrentan constantemente las personas morales es la perdida de capitales como consecuencia de la cartera vencida, lo cual impacta en su operación, retrasando inversiones, pagos de proveedores e incluso el cumplimiento de sus contribuciones.

 

Cuando ya no es posible rescatar algunas cuentas de esta cartera vencida, es clásico que los contadores apliquen la NIF C3 (Cuentas por Cobrar), en la cual se incorporó el requerimiento de aplicar este nuevo modelo para los ejercicios que inicien a partir del 1de enero de 2016.

 

De acuerdo con la NIF C-3, en el reconocimiento inicial y posterior de las cuentas por cobrar (incluyendo los saldos con clientes y otras cuentas), una entidad debe determinar y reconocer una estimación de las pérdidas crediticias esperadas, afectando los resultados de dicho período.

 

Para efectos de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (LISR), al momento de enterarlo se debe incluir la totalidad de los ingresos facturados, sin considerar si realmente se cobraron, lo que implica pagar un impuesto por una venta que posiblemente no fue cobrada.

 

No obstante lo anterior, de conformidad con la LISR, se presenta una oportunidad para sacar un beneficio sobre esa cartera vencida, y es la deducción de la misma. Dicha deducción se contempla de la siguiente forma:

Artículo 25. Los contribuyentes podrán efectuar las deducciones siguientes:

V. Los créditos incobrables y las pérdidas por caso fortuito, fuerza mayor o por enajenación de bienes distintos a los que se refiere la fracción II de este artículo.

 

Los únicos requisitos que se deben colmar para acceder a dicho beneficio, son:

Artículo 27. Las deducciones autorizadas en este Título deberán reunir los siguientes requisitos:

XV. Que en el caso de pérdidas por créditos incobrables, éstas se consideren realizadas en el mes en el que se consuma el plazo de prescripción, que corresponda, o antes si fuera notoria la imposibilidad práctica de cobro.

Para los efectos de este artículo, se considera que existe notoria imposibilidad práctica de cobro, entre otros, en los siguientes casos:

a) Tratándose de créditos cuya suerte principal al día de su vencimiento no exceda de treinta mil unidades de inversión, cuando en el plazo de un año contado a partir de que incurra en mora, no se hubiera logrado su cobro. En este caso, se considerarán incobrables en el mes en que se cumpla un año de haber incurrido en mora.

c) Se compruebe que el deudor ha sido declarado en quiebra o concurso. En el primer supuesto, debe existir sentencia que declare concluida la quiebra por pago concursal o por falta de activos.

 

Aunque si resulta claro y plausible que un acreedor estime incobrable un crédito por el solo hecho de estar prescrito, sin más explicaciones, al momento de consumarse la prescripción, sin que se le obligue a hacer gastos y gestiones de cobro. Así pues, si un crédito se estima incobrable, para deducirlo en términos del artículo 25, fracción V, del texto aplicable de la LISR, y esta prescrito, no hay necesidad de razonar o acreditar la decisión de estimarlo incobrable.

 

El impacto de los créditos incobrables o la liberación del pago, además de los impactos económicos, traen consigo consecuencias fiscales que deben reconocerse en forma oportuna y precisa, con el objeto de aplicar en su caso los beneficios legales conducentes y el cumplimiento correcto de las obligaciones fiscales; por lo que resulta importante la revisión a las disposiciones relativas a estos conceptos para los contribuyentes que se encuentran en esos supuestos.

 
Lic. Marco A. López
Gerente Litigio
Black Armour